Los maniquíes de madera, cartón y tela practican su mirada perdida.
A veces, todo me recuerda a la fotografía.
Una maroma aguarda a su embarcación (foto: ramon clemente)
En una piscina un cartel marca la profundidad a la que un fotógrafo de metro setenta se ahogaría.
Una vela de molino sin lienzo proyecta una esquelética sombra.
Chloé duerme plácidamente y sueña que pasea por Gràcia.
Del eje de un molino balear parten decenas de cables hasta sus aspas.